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El estrés: síntomas y causas

¿Qué es el estrés?

Todas las personas necesitamos tener un nivel óptimo de activación para poder desempeñar nuestras actividades cotidianas y responder a las demandas de nuestro entorno. Cuando esta activación es excesiva y repercute en el bienestar y la salud de la persona, hablamos de que existe un problema de estrés.

El ritmo de vida acelerado y las múltiples ocupaciones y preocupaciones hacen que sea necesario un nivel más elevado de activación para poder atenderlas. A nivel fisiológico, estamos preparados para sostener ese nivel de exigencia física y cognitiva durante periodos breves, que vienen seguidos por estados de reposo en los que nuestro cuerpo y mente se recuperan del esfuerzo. Si estos periodos se prolongan en el tiempo pueden provocarnos síntomas como los que describimos, que conocemos como estrés. Estos síntomas incluyen:

  • Tristeza, irascibilidad, labilidad emocional, ansiedad o angustia
  • Tensión muscular, que puede provocar dolores de espalda, cuello, etc.
  • Dificultades para concentrarse
  • Olvidos y confusión
  • Miedo a cometer errores
  • Dificultades para dejar de pensar en tareas o preocupaciones
  • Problemas para dormir
  • Disminución o aumento del apetito
  • Sudoración
  • Dolor de cabeza
  • Dificultades sexuales
  • Problemas digestivos: dolor de estómago, problemas intestinales, digestiones pesadas…

Cómo entendemos el estrés

Los psicólogos entendemos el estrés como una respuesta de nuestro organismo ante una realidad que percibimos como demandante y que nos impulsa a ponernos en acción. Cuando una persona sufre habitualmente síntomas de estrés elevado y éstos se mantienen en el tiempo, tenemos que pararnos a pensar en el origen de los mismos. Podemos llegar a desarrollar síntomas de estrés por diferentes motivos, que dependen de las vivencias o las ideas que tenemos sobre nosotros mismos y sobre el mundo.

Algunas personas interiorizan en su infancia y adolescencia que existen unas expectativas muy elevadas sobre ellas a las que deben responder. Esta idea les obliga a estar en constante sobreesfuerzo para mantener una imagen determinada de sí mismas, ya que a través de ella reciben algo que necesitan, como afecto, sensación de valía, etc. Otras personas, han vivido experiencias en las que su bienestar e incluso supervivencia dependió de su capacidad de esfuerzo, lo que hace que una elevada activación y autoexigencia se convierta en algo que da seguridad. Como vemos, para entender por qué se mantienen los síntomas de estrés y los factores que los desencadenan, tenemos que adentrarnos en el significado que tiene para la persona que lo sufre, que será único en cada caso.

Cómo tratamos el estrés

En las sesiones de psicoterapia, vamos analizando todo aquello que subyace al estrés, tratando de buscar el origen del mismo, por qué  y para qué se está manteniendo. Para desarrollar este proceso, es importante crear un clima de confianza, escucha comprensiva, sin juzgar los pensamientos, fantasías y emociones, desde el respeto y la confidencialidad.

De esta manera, la persona puede ir cuestionando lo que le sucede e introduciendo en su día a día los cambios que le permitan encontrarse mejor. Además, esta actitud de atención y análisis de los propios pensamientos y sensaciones, permite a la persona afrontar otras circunstancias de su vida desde un mayor conocimiento de sí misma.