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Obsesiones y compulsiones

¿Qué es el trastorno obsesivo-compulsivo?

Los psicólogos hablamos de trastorno obsesivo-compulsivo para referirnos a un problema psicológico caracterizado por pensamientos intrusivos, automáticos y que escapan al control racional, que llevan a la persona a desarrollar comportamientos en forma de rituales para aliviar una angustia o temor. Llamamos a los contenidos mentales obsesiones y al comportamiento asociado compulsiones.

Cada persona, en función de cómo se ha constituido su identidad, sus experiencias y los mensajes que ha recibido de su entorno especialmente durante sus primeros años de vida, puede desarrollar unos pensamientos obsesivos y comportamientos compulsivos diferentes.  Algunos de los más habituales son:

  • Obsesión por la contaminación: aversión a la suciedad, los gérmenes o cualquier foco de infección que pueda provocar una enfermedad. Las personas que sufren esta obsesión se sienten obligadas a realizar rituales de limpieza que interfieren con su vida cotidiana e incluso pueden llegar a ser dañinos para su salud, como lavarse las manos o el cuerpo hasta provocarse irritaciones. A través de los rituales de limpieza alivian el miedo que sienten.
  • Obsesión de comprobación: temor intenso a tener un olvido o descuido que tenga consecuencias negativas, como dejar un grifo abierto, cerrar la llave de gas, cerrar la puerta con llave o poner la alarma del despertador. Ante estas ideas que generan ansiedad la persona recurre a rituales de comprobación, asegurándose repetidas veces de haber hecho lo que les preocupa olvidar.
  • Obsesión por el orden y la simetría: la persona siente que determinados objetos deben estar en una posición concreta, por ejemplo, guardando cierta simetría, o bien que hay una forma adecuada de hacer algo y que bajo ninguna circunstancia se puede llevar a cabo de otro modo. No se trata de una preferencia, si el objeto no están en la posición que considera correcta o realiza el comportamiento de un modo diferente, genera una enorme angustia e incluso puede sentir temor a que tenga consecuencias catastróficas, como la muerte de un ser querido. Para aliviar esta sensación de angustia, necesitan llevar a cabo comportamientos rígidos, como por ejemplo colocar los objetos ordenados por tamaño, o andar no pisando las líneas de la acera.

Estas ideas y rituales van deteriorando la calidad de vida de quien los sufre, haciendo mella en su vida cotidiana, sus relaciones sociales y su autoestima. A través de un trabajo psicoterapéutico podemos lograr que este problema pierda la fuerza y el poder que tiene.

Cómo entendemos las obsesiones y compulsiones

Los síntomas de TOC pueden estar asociados a un cuadro orgánico y neurológico, como el Síndrome de Tourette. En estos casos, será necesario un tratamiento multidisciplinar para manejar el problema. También pueden aparecer como modo de expresión de diferentes conflictos psicológicos, y es necesario analizar cada caso de manera particular para comprender qué significado tiene este problema para la persona que lo sufre.

Las obsesiones son la forma en que la persona representa en su mente una preocupación consciente o inconsciente que le genera un intenso malestar y de la que siente poco control. Por este motivo, recurre a las compulsiones en un intento de controlar y resolver esa angustia, que a menudo no logra calmarla ni hacer que desaparezca. Es necesario identificar con la persona qué angustia psicológica subyace a su problema, para lograr manejarlo.

En otras ocasiones, puede ocurrir que la persona no haya interiorizado la sensación de seguridad ante la realidad que todos necesitamos sentir para estar tranquilos. Las compulsiones aparecen como una estrategia eficaz para permitirle tener cierto sentimiento de control de aquello que vive como peligroso, aunque supone unos enormes costes en su calidad de vida.

 

Cómo tratamos las obsesiones y compulsiones

En una psicoterapia trabajamos con la persona reflexionando sobre su problema y apoyándola para encontrar una manera más satisfactoria de estar en el mundo y de relacionarse con sus preocupaciones. Para ello, tenemos que construir un entorno seguro, libre de juicio y confidencial, donde la persona se sienta comprendida y libre para traer todas sus angustias y sentirse recogida.

En él puede ir vivenciando experiencias diferentes que configuran una nueva manera de abordar sus preocupaciones, menos angustiosa y que no requiere un estado de alerta.