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Pérdidas y proceso de duelo

El duelo es el proceso que vivimos cuando perdemos a alguien o algo que era importante para nosotros/as. La vivencia de la pérdida es subjetiva y depende de sus experiencias previas, el significado de aquello que ha perdido, cómo ha visto y ha aprendido a expresar el dolor, entre otros motivos.

Tal como plantea Worden, existen distintas etapas o fases por las que necesitamos transitar cuando sufrimos una pérdida y que forman parte de la elaboración del duelo.

Aceptar la realidad de la pérdida. Es habitual que ante el dolor que sentimos se ponga en marcha el mecanismo de defensa de la negación, que nos permite protegernos de lo que nos resulta muy impactante a nivel emocional. Esta negación se puede expresar de distintas maneras. Hay personas que dicen cuando ha fallecido alguien cercano que aunque saben que la persona ha muerto, no pueden conectar a nivel emocional con esa idea, se encuentran fríos/as, como si no les afectara. Otras, pueden explicitar que sienten como si fueran a encontrarse con él o ella al volver a casa, aunque saben a un nivel racional que no va a ocurrir.

En las que llamamos pérdidas ambiguas, como por ejemplo las separaciones en pareja o la migración a otro lugar de residencia, podemos ver esta negación en algunos casos en los que nos aferramos a la idea de que la pérdida va a ser reversible. Este mecanismo de nuestra mente nos ayuda a mitigar el impacto que nos produce lo que estamos viviendo, por eso es importante respetar el ritmo en el que la persona lo está viviendo, como parte del proceso hasta que se pueda aceptar e integrar la pérdida.

Trabajar las emociones y el dolor de la pérdida. Cuando fallece una persona que queremos o perdemos algo que valorábamos podemos sentir muchas emociones que es necesario identificar y elaborar. Éstas van a estar relacionadas con nuestra experiencia subjetiva, qué significaba para cada uno/a de nosotros/as aquello que perdemos o si ha sido algo esperado o imprevisto. También es importante identificar si hay miedos, pensamientos o fantasías asociadas a la pérdida. Por ejemplo, la muerte de alguien cercano puede conectarnos con la fragilidad de nuestra propia vida y generar una serie de emociones que tendremos que elaborar. Es necesario que emerja todo esto y trabajar sobre ello para que no nos produzca sufrimiento.

Adaptarnos a la situación después de la pérdida. Las pérdidas conllevan una serie de cambios a los que también necesitamos adaptarnos. Estos cambios tienen que ver con el rol que pasamos a ocupar, que es diferente en función lo que significara en nuestra vida aquella persona o situación que perdemos. Este es el caso de la experiencia de perder a nuestros progenitores, que implica que dejamos de tener la identidad de hijos/as, porque ya no está accesible la mirada que alimenta esa idea sobre nosotros/as mismos/as.

Recolocar emocionalmente la pérdida para continuar viviendo. Progresivamente, la pérdida va dejando cada vez más espacios en los que la persona puede sentirse bien y sentir que su vida continúa, pudiendo recordar aquello que perdió sin sentir un dolor tan intenso.