+34 636 662 714 / +34 620 467 441 info@intropsicoterapia.com

Los 4 estilos de apego

El apego es un vínculo emocional intenso que nos proporciona seguridad para desarrollarnos y sentirnos bien con nosotros mismos y en las relaciones interpersonales, por lo que podemos decir que se trata de una necesidad básica. Los primeros vínculos que tenemos en nuestra infancia, que a menudo se dan entre madres y padres e hijos/as, son especialmente importantes para configurar el estilo de apego, que influirá en cómo nos posicionamos ante las relaciones a lo largo de nuestra vida, con nuestra pareja, amigos, familia… A través de los lazos con nuestras figuras de apego, vamos interiorizando la sensación de sentirnos seguros, aprendiendo qué podemos esperar del contacto con los otros y construyendo la imagen que tenemos de nosotros mismos, por lo que es un elemento clave para nuestra autoestima. Existen cuatro estilos de apego, que dependen de la respuesta que se dio más habitualmente a nuestras necesidades cuando éramos niños/as: Apego seguro: Se desarrolla cuando vivimos cómo nuestras necesidades son atendidas por las personas que nos quieren. Si cuando un niño o niña llora porque tiene hambre o se encuentra molesto recibe la atención y consuelo de sus cuidadores, va aprendiendo que su malestar puede ser calmado. Con el tiempo irá desarrollando esta capacidad de aliviar su malestar y regularse emocionalmente sin necesidad de que estén presentes sus figuras de apego, ya que contará con una representación de las mismas que puede evocar. Este estilo de apego favorece una buena autoestima que le permitirá explorar el mundo con sensación de seguridad en sí mismo. Apego ansioso-ambivalente: Este estilo es el que desarrollamos cuando sentimos que nuestras necesidades son atendidas...

¿Y si voy al psicólogo…?

A lo largo de la vida, las personas nos ilusionamos, nos decepcionamos, tomamos decisiones importantes, sufrimos pérdidas… Todas estas vivencias son normales y en muchos casos tenemos recursos para afrontarlas. Sin embargo, hay momentos en que podemos sentir que una situación nos desborda, nos provoca un intenso malestar, que hay algo en nuestra forma de relacionarnos con las demás personas o con nosotros mismos que no termina de funcionar como nos gustaría. Es en estas ocasiones cuando podemos pensar, ¿y si voy al psicólogo? A menudo nos encontramos con personas que han dedicado un tiempo a plantearse esta opción y sin embargo les cuesta tomar la decisión de empezar una psicoterapia. Es normal que surjan muchas dudas, ¿realmente lo necesito?, ¿podría superarlo solo/a?, ¿qué ocurrirá en las sesiones?, ¿perderé el control de mi vida y terminaré haciendo lo que la/el psicóloga/o me diga? Hemos decidido escribir este post para poner algo de luz sobre estas preguntas. Lo primero que hay que tener en cuenta es que empezar una psicoterapia es una decisión muy personal. No es buena idea otros la tomen por ti, porque para que podamos evolucionar en ella es muy importante estar comprometidos con lo que hacemos, tener un verdadero deseo de cambiar y sentir que es algo que hemos elegido. Ir al psicólogo/a, durante mucho tiempo ha tenido ciertas connotaciones negativas que pueden ser la raíz esta duda sobre si realmente lo necesitamos. Parece como si ir a una terapia fuera la última de las opciones cuando todo ha fallado y la situación es insostenible. Tal vez si en vez de plantearnos esta pregunta, que esconde...